He releído este verano Un mundo feliz, la novela que Aldous Huxley publicó en 1932. Si no la conoces, imagina una sociedad organizada con un único objetivo: que nadie sufra jamás. Y si, pese a todo, aparece una molestia —una tristeza, una duda, un momento de incomodidad—, existe un remedio al alcance de cualquiera: el soma. Una pastilla que disuelve el malestar en cuestión de minutos, sin resaca ni efectos secundarios. Unas vacaciones de la realidad, a demanda.
Lo inquietante de la novela no es el soma. Es que nadie lo cuestiona. Nadie se pregunta de dónde venía esa tristeza, qué información traía consigo o qué habría que cambiar para que no volviera. Se toma la pastilla y se sigue. Huxley no imaginó una tiranía que nos obligara a sufrir, sino una que nos librara del sufrimiento a cambio de que dejáramos de mirar hacia dentro.
Casi cien años después, la novela sigue interpelándome. Porque describe con una precisión incómoda uno de los deseos más antiguos del ser humano: obtener un resultado diferente sin tener que cambiar de hábitos .
Soy biólogo de formación, y cada vez que pienso en esto me viene a la cabeza la misma imagen: un árbol que quisiera crecer sin desarrollar antes sus raíces. No aguantaría mucho. El sistema radicular va siempre por delante, creciendo hacia abajo y en silencio, sin que nadie lo vea, buscando nutrientes y anclaje. Y no es un adorno: es lo que le permite sostener su propio peso, resistir el viento y seguir vivo cuando llega la sequía. La copa que admiramos es la consecuencia del desarrollo que ocurre bajo tierra, donde no se ve.
Este principio, que en biología resulta obvio, se nos olvida en cuanto lo aplicamos a la propia vida. Queremos la copa bonita sin desarrollar buenas raíces. Y ese deseo aparece en todas partes. También aquí, en el mundo del bienestar y la meditación.
Septiembre, el mes de las buenas intenciones
Vuelves de vacaciones con la sensación de haber recuperado algo. Has dormido más, mirado menos la pantalla, caminado, comido con calma, estado con gente que quieres. Y entonces aparece esa frase que todos hemos pensado alguna vez sobre el cambio de hábitos: «este año sí, este año lo hago distinto».
Quieres tener menos estrés, pero sin revisar tu agenda; dormir mejor, pero sin soltar el móvil por la noche; estar más presente con los tuyos, pero sin renunciar a nada de lo que ya haces. Quieres que tu vida transmita calma, pero sin tocar aquello que la agita.
Y entonces buscas el atajo. Una app de meditación. Un audio de diez minutos. Un vídeo motivador que te dure hasta el jueves. Un libro que compras y dejas en la mesilla. Cosas que están bien, ojo, pero que muchas veces acaban cumpliendo la función del soma de Huxley: alivian el síntoma y te permiten seguir sin mirar la causa.
Lo que llamamos estrés, ansiedad o dispersión rara vez se arregla con una App o un video motivador. Son la consecuencia de una estructura que no vemos: el piloto automático, la manera en que interpretas lo que te pasa, los hábitos de reacción que llevas años repitiendo, la relación que tienes con tus propias emociones, tu forma de decir que sí cuando quieres decir que no. Eso no se cambia con un audio de diez minutos. Se cambia entrenando.
El cambio profundo no es sexy, pero es el único que permanece
Si me lees desde hace tiempo sabrás que en abril escribí sobre Richard Davidson y la neuroplasticidad. La buena noticia de la ciencia es que el cerebro sí se puede reorganizar; el bienestar es una capacidad que puedes entrenar, no un rasgo fijo. La noticia menos cómoda es la letra pequeña: la neuroplasticidad necesita repetición, tiempo y contexto. Para esto no hay soma que valga.
En enero cité una frase de un maestro que tuve, el Lama Djimpa: «Intención sin acción es pura ilusión». Ocho meses después la recupero con una vuelta de tuerca, porque en septiembre el problema no suele ser la falta de intención. De intención vamos sobrados. Lo que falta es una estructura que sostenga esa intención cuando llegue el 15 de octubre, llueva, tengas tres reuniones seguidas y no te apetezca nada.
Vuelvo un momento a los árboles, porque la naturaleza es sabia. Las especies que crecen deprisa —el chopo, el sauce, la balsa— producen una madera blanda, poco densa y de vida corta. Las que crecen despacio —el roble, la encina, el tejo— hacen una madera dura capaz de aguantar siglos. La velocidad siempre se paga en fortaleza. Con los hábitos ocurre exactamente igual: lo que consigues en una semana se deshace en una semana.
Por eso los programas que hacemos en el Instituto duran ocho semanas y no ocho minutos. Por eso hay grupo, hay compromiso, hay días señalados en el calendario y hay alguien esperándote. No es un capricho pedagógico: es que el cambio estructural necesita andamios.
Tres formas de hacer algo distinto este otoño
Si de verdad quieres que este curso sea diferente al anterior, tendrás que hacer algo diferente a lo que hiciste el anterior. Te propongo tres niveles, según dónde estés.
Si nunca has entrenado: renueva los cimientos con el MBSR.
El programa de Reducción de Estrés basado en Mindfulness son ocho semanas de entrenamiento con evidencia científica, en grupo y con acompañamiento. No es información sobre mindfulness: es práctica sostenida. Es el equivalente a revisar la distribución de la casa en lugar de cambiar los cojines. Tienes tres modalidades: presencial en Barcelona, online en directo por Zoom y online tutorizado a tu ritmo. Y antes de decidir, puedes venir a una Sesión de Mindfulness gratuita.
Si ya hiciste el MBSR: sostén la práctica con la Sangha 3.2.
La pregunta que más escucho es «¿y después del MBSR, qué?». La respuesta honesta es: comunidad y continuidad. El programa Sangha 3.2 – Aprende y Medita con nosotr@s es meditación en grupo todos los viernes de 18:30 a 19:30 (presencial y online en directo), una práctica intensiva de medio día por trimestre —el sábado 7 de noviembre—, una sesión de preguntas y respuestas conmigo el viernes 23 de octubre, una newsletter exclusiva sobre budismo y meditación en el siglo XXI, y acceso al curso online Alegremente. Todo por 29 € al mes. Es la manera más sencilla que conozco de que tu práctica no dependa de tu motivación de cada día.
Si el cambio que buscas es también profesional: Teoría U (novedad de este otoño).
En mayo te hablé de los distractores que fragmentan tu atención, una idea que tomé del trabajo de Otto Scharmer sobre Presencing. Este otoño lanzamos por primera vez en el Instituto un curso completo sobre su método: «Cómo aprender del futuro, con Teoría U». Está pensado para personas en funciones directivas, consultores, emprendedores, profesionales de RRHH y agentes de cambio que necesitan actuar cuando las respuestas del pasado ya no funcionan. Ocho sesiones presenciales en Barcelona, los jueves de 18:30 a 21:00, de octubre a diciembre, donde cada participante trabaja un reto real con coaching grupal. Es, literalmente, un curso sobre cómo tocar la estructura y no la decoración. Las plazas son limitadas y la reserva se cierra el 20 de septiembre.
Para terminar
Los cambios rápidos son mucho más atractivos que los cambios profundos. Prometen más y piden menos. Pero rara vez permanecen, porque no han tocado aquello que sostenía el problema.
Ningún árbol crece hacia arriba sin haber crecido antes hacia abajo. Tú tampoco.
Este septiembre te propongo lo contrario: menos propósitos y más estructura. Menos motivación y más calendario. Menos buscar el atajo y más aceptar que el camino, sencillamente, hay que andarlo. La buena noticia es que no tienes que andarlo solo.
Un abrazo,
Andrés Martín Asuero
Director del Instituto esMindfulness
Barcelona

